Estos tres barcos pesqueros de madera, construidos durante el siglo pasado con el firme propósito de enfrentarse al océano para arrebatarle los peces, paradójicamente han acabado sus días en el fondo del mar siendo el hogar de los que antaño fueron sus presas. Los dos barcos más someros se encuentran prácticamente enteros. Por el contrario, el más profundo presenta un aspecto fantasmagórico con sus cuadernas saliendo de la quilla cual costillas de una columna vertebral.

El azul turquesa del agua y la facilidad de acceso invitan a adentrarse con gafas y tubo. Desde la costa, se desciende por las escaleras del acantilado hasta la orilla, donde daremos comienzo a la inmersión. Para el buceo con botellas nos sumergiremos de forma perpendicular a la orilla hasta alcanzar los dos primeros navios. Es preferible dejar el tercer pecio para acceder desde embarcación, debido a la profundidad y distancia a la que se encuentra. De este modo, podemos explorar los barcos o detenernos a indagar en la arena porque esconde angelotes, águilas de mar y grandes chuchos. Debemos controlar siempre el ordenador de buceo porque es fácil necesitar parada de descompresión.

Consejos

Los dos pecios más próximos a costa, generalmente, atraen más vida. La zona presenta mucho tráfico marítimo por lo que conviene subir y bajar siempre por el cabo de fondeo. Para explorar el lugar en “snorkel” la inmersión se reduce a la orilla, dado que los barcos están demasiado profundos y separados de costa, por lo que no son accesibles nadando con gafas y tubo.

Textos e imágenes de oceanografica.com

Pecios del barranco del Quíquere