Es una inmersión que impresiona por su sencillez y por la cantidad y variedad de bancos de peces que frecuentan la zona. En esta zona, de inmejorable visibilidad por fuera del espigón la mayor parte del año, podemos disfrutar de bancos de roncadores, bicudas, salemas, herreras, bogas, gueldes, sardinas y atunes. La blanca arena sirve de escondite a tembladeras, angelotes y mantelinas, por lo que no debemos olvidar buscar su silueta en el fondo.

Se puede acceder tanto desde la costa como desde embarcación y resulta especialmente cómoda e ideal para bautizos de mar e iniciación. Las personas experimentadas no dejarán de disfrutar debido a la abundancia de fauna y la luminosidad de la zona. Los dos espigones que forman la bahía sirven de referencia para localizar a los grandes bancos de peces que se sitúan frente a la salida de la rada. Los muros de bloques se pueden recorrer en busca de meros, catalufas, alfonsitos y otros animales más tímidos que gustan de pasar desapercibidos.

CONSEJO

Aprendamos a compensar antes de descender a profundidad. Cuando nos iniciamos con gafas y tubo: si nos vamos a sumergir, debemos saber que
al bajar nos pueden doler los oídos ¡Cuidado! No sigamos bajando, podríamos dañarlos. Primero debemos aprender a compensarlos tapándonos la nariz y la boca y soplando sin dejar salir el aire para igualar la presión a ambos lados del tímpano. Puede hacernos falta compensar varias veces en un descenso.

Textos e imágenes de oceanografica.com

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