Entre Lanzarote y La Graciosa, en un llano de arena, se levanta una gruesa barra de roca que se extiende cerca de un kilometro, cruzando El Río perpendicularmente, es el Veril de las Agujas. En él existen varias zonas de inmersión, como el Veril de las Langostas al sur o la Cueva de los Jureles al norte, entre ellas destaca el Veril de las Anclas.

Sus paredes, esculpidas por la erosión del mar, sirven de refugio a gran número de peces como chuchos, pejeperros, abades, viejas y, de manera sorprendente por su escasez en el resto de Canarias, a corvinas negras. La inmersión tiene un aliciente histórico: la cantidad de anclas antiguas que reposan a lo largo del recorrido.

La cara suroeste del veril es la que presenta las paredes más pronunciadas y atractivas. Es donde se
ubican el mayor número de anclas y las formas de las rocas de mayor espectacularidad. La inmersión
consiste en explorar el veril, teniendo en cuenta que es mucho más largo de lo que se puede recorrer
en un solo buceo.

Casi al final, en la punta norte del veril, una gran cueva sirve de guarida a un banco de jureles y corvinas negras. Al desaparecer la gran barra rocosa del veril, el fondo queda salpicado de rocas que forman varios arcos y en ellas encontramos alguna pequeña gorgonia amarilla como señal de las fuertes corrientes que azotan la zona. Por esta misma razón la arena es sustituida en muchos puntos por confites, pequeñas bolas duras y rosáceas que son realmente algas rojas calcáreas.

CONSEJO

Hay que tener muy en cuenta que buceamos en una zona de valor arqueológico por el interés histórico de las, piezas, anclas y ánforas que reposan en el fondo. En El Río se han localizado los restos de ánforas romanas más importantes de Canarias. Como en cualquier otro lugar, es fundamental no alterar ni extraer absolutamente nada de ninguna zona de inmersión.

Textos e imágenes de oceanografica.com

VERIL DE LAS ANCLAS